LAMFOGRAM

Mateo García y el juego de espejos en los extremos

Nadie puede amar aquello que no conoce y, en ese sentido, Nicolás Herrero decidió mirar más allá del horizonte. La llegada de Mateo García a Aldosivi, con su doble nacionalidad y su fútbol de banda, es la apuesta explícita de un manager que prefiere el vértigo a la meseta. Lo que fascina es el trueque: Yoel Juárez hace el camino inverso, completando una alquimia poco habitual para el fútbol local. ¿Se trata de una apuesta por la experiencia o simplemente de una necesidad táctica?

La transferencia, que ronda el 1,2 millón, plantea un interrogante para todos los managers de la categoría: ¿hasta dónde es capaz uno de arriesgar por ese destello de creatividad al borde de la línea? El fútbol, en definitiva, es un diálogo permanente con la incertidumbre. Herrero muestra su mano; ahora, los demás deben responder.

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El precio de la nostalgia

Lucas Janson abandona el sur de la ciudad persiguiendo una promesa que parece cada vez más esquiva: la del salto de calidad. Estudiantes (SL) desembolsa cifras que nos recuerdan a aquellos viejos relatos donde el dinero parecía transformar pasiones en mercancía. Un millón por un jugador de 30 años llama a la reflexión.

Como advertía Valdano, el fútbol no se mide en estadísticas ni billetes, sino en intensidad y sueños. ¿Puede un fichaje de este calibre devolver la mística, o asistimos al enésimo capítulo de un fútbol cada vez más pragmático y menos poético? Señores managers, miren más allá de los números: la verdadera revolución es la pasión que se arriesga en cada pase.

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El arte del trueque: Flores y Glavinovich

El fútbol, como la vida, es un entramado de intercambios. Gonzalo Flores cruza de Tigre a Newells tras una operación que no solo incluye dinero, sino la llegada del defensor Ian Glavinovich al club de Victoria. Flores, delantero de 23 años, aterriza en un equipo que acaba de celebrar la Copa LAMFO. Es un movimiento que destila táctica pura: Cristian Jurisic, manager de Newells, busca revitalizar un ataque que ya es temible, pero parece susurrar a los otros managers un mensaje: nunca se conformen con lo que tienen.

Mientras tanto, el pase de Glavinovich en sentido opuesto no es menor. Los managers que aún creen que la defensa es apenas un detalle de la orquesta deberían mirar mejor. Intercambiar piezas es un arte arriesgado; aquí, Jurisic y Gonzalo Amorena apuestan a que los matices los acerquen a la perfección. La pasión, decía Valdano, también es saber perder para poder ganar después.

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Estudiantes (SL) y el tablero de ajedrez del ascenso

Cuando en el fútbol se habla de proyectos, pocos recuerdan que la grandeza también se cultiva con pequeños movimientos. Rafael Selva refuerza la sala de máquinas de Estudiantes (SL) con la llegada de Alan Cantero, mediapunta de notable destreza, en una operación a costo cero pero con intercambio de jugadores. El trueque por Cristian Ferreira no solo evidencia el olfato de Selva, sino que trae preguntas incómodas sobre el valor real de los jugadores en los equipos del ascenso.

El mercado, sin duda, es despiadado: la necesidad pesa más que el talento y los managers deben pensar con sangre fría. ¿Es esto el fútbol moderno? ¿O apenas una versión actualizada del ajedrez de la pasión? El futuro dirá si este movimiento es la jugada maestra que Estudiantes buscaba o solo un peón movido a la ligera.

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Pequeñas transferencias, grandes lecciones

El mercado no solo se define por grandes cifras o nombres rutilantes. Detrás de cada préstamo y cada pase silencioso, late el verdadero pulso de la LAMFO. Javier Burrai, símbolo de experiencia bajo los tres palos, aterriza en Chacarita, mientras Federico Medina busca minutos en Talleres con una opción de compra que invita al debate entre aficionados y managers: ¿vale realmente ese monto su proyección?

Llama la atención el éxodo masivo de promesas de Estudiantes (LP) hacia Brown (A) en la Primera C: Axel Atum, Nicolás Fernández, Mauricio Guzmán, Fabricio Pérez y Nehuén Benedetti se marchan cedidos. Beto Ramos apuesta a la juventud para escribir otra historia lejos de los flashes, mientras Martin Accorinti parece resignar el ahora por un mañana esperanzador. Así, el fútbol nos recuerda su costado filosófico: a veces, construir es dejar ir.

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¿Aldosivi o el arte de arriesgar?

Jerónimo Cacciabue aterriza en Aldosivi por la módica suma de 800.000 verdes. Un mediocampista con experiencia europea, pero, sincerémonos, ni Messi ni De Paul. ¿Se justifica semejante inversión para un club que ni siquiera viene de salir campeón? Si yo fuera manager, el temor al fracaso estaría a la orden del día. Lo curioso es cómo este tipo de apuestas terminan en debates eternos: ¿arriesgar para salir del anonimato o especular y seguir en la mediocridad? El tiempo le pondrá precio a la jugada de Nicolás Herrero, pero si esto sale mal, seguro que el VAR no los salva.

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Di Plácido, entre el vino y la picardía

Leonel Di Plácido cambia de vereda en el norte y, con 31 a cuestas, le da un poco de veteranía a la defensa de San Martín (T). Lo curioso es que Matías Berutti apuesta fuerte por un lateral derecho justo cuando muchos managers miran para otro lado, eligiendo la juventud antes que la experiencia.

¿Quién se atreve a cuestionar la movida? Con 1.8 millones de razones, Berutti juega a la ruleta rusa: o le sale redondo y tapa bocas, o los murmullos crecerán en la tribuna. Qué tiempos aquellos en que los técnicos se jugaban el asado por nombres con pimienta y romanticismo, como Ardiles en aquellos lejanos setentas. Quizá sea hora de que los managers de LAMFO miren menos estadísticas y más historia.

¿O será que el fútbol se volvió demasiado serio para la bohemia? Invito a levantar una copa y recordar esos pases hechos con el corazón y no con la calculadora en la mano.

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Un central para romper el silencio

¿4 millones por Mariano Gómez? Sí, leyó bien, no es el precio de una cancha sintética ni de una tribuna techada, sino lo que Pablo Adamo aceptó pagar por un central. En épocas donde los hinchas piden tiki-taka y las redes se llenan de memes de laterales-exprimidores, la apuesta por Gómez es pura osadía.

Rafael Selva lo deja ir, quizás resignado a que hoy en día el sentimiento por la camiseta pesa menos que una transferencia bancaria. Pero, Pablo Adamo, en Atlanta, va a tener que justificar cada centavo frente a la mirada desconfiada de los que jamás se emocionaron con un quite bien hecho. Porque así estamos: los managers se la juegan y los hinchas... consumen. ¿Alguien recuerda cuando los cracks venían "de abajo" y no con precio de restaurante en Puerto Madero?

Habrá que invitar a las viejas glorias a la tribuna para que expliquen cómo se defiende.

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