LAMFOGRAM


Chancalay y el aroma a vino tinto
Tomás Chancalay cambia de camiseta, pero no de poesía en la cancha: el ahora ex Boca sigue girando la ruleta de su carrera con un pase a Alvarado que pocos vieron venir, aunque el perfume a negocios grandes se siente en cada rincón del Nacional B. Santiago Abete Valiñas se juega una carta fuerte, de esas que en las tribunas desencadenan discusiones de café y señales de humo desde la platea.
Mientras tanto, Fermín Selva, viejo zorros de estas pampas, deja ir a un atacante talentoso tras un ascenso y una defensa sólida que parecía blindada. ¿Premio al campeón o capricho de las billeteras ansiosas? El fútbol argentino vive de romanticismo, pero también de traiciones y cuentas por pagar. Levanten las copas y cuenten anécdotas: ¿qué hubiera hecho el Bocha si le vendían al “diez” después del ascenso?
Que esta transferencia sirva de excusa para repasar los viejos mercados, cuando el pase no era cuestión de ceros y la palabra valía más que el papel. ¿Quién trae las figuritas, que quiero ver si me sale el Chancalay del potrero?
A nadie le gusta esto.


Cuando los billetes pesan más que los sueños
Matías Orihuela hace las valijas después de la consagración y se muda a otro suelo del Nacional B. ¿Le pesará el cambio, o simplemente el bolsillo pudo más que el sentido de pertenencia?
Hay managers que se aferran a los laureles y otros, como “Santiago Abete Valiñas”, que dejan ir a un soldado clave tras haber tocado el cielo en la Primera B. Mientras tanto, del otro lado, “Miguel Perrona” apuesta fuerte y desembolsa una suma de las que ya no se ven en estos pagos. ¿La plata compra mística? Si la respuesta está en los libros, habría que revisar el de Ardiles. El fútbol, queridos managers, no se cuenta con calculadora. Atenti a los que desarman equipos campeones, la historia suele recordar esos nombres. No olvidemos de dónde venimos.
A nadie le gusta esto.


Una apuesta que va más allá del resultado
Emiliano Muñoz cambia Rosario por la orilla del Riachuelo: de la calma acostumbrada a una isla llena de urgencias. El número sobre el cheque —un millón, ni más ni menos— despierta preguntas de esas que, créame, no se responden con planillas. Porque Gonzalo Iglesias, patrón de barcazas y ahora de sueños, se la juega en grande apostando por un volante de 24 años que supo ser pieza de un campeón de Copa.
A los que miran el fútbol como consumo, les costará ver el trasfondo: mientras los managers llenan recuadros y columnas en Excel, unos pocos todavía creen en el fogón colectivo. ¿Podrá Muñoz devolver ese fuego perdido en el cemento? Ojalá, al menos, nos regale un pase que nos haga olvidar que seguimos aficionados más que hinchas. Recuerden: hubo una época en que un pase valía una ovación, y no solo un salto en el balance.
A nadie le gusta esto.


¿River compra futuro o humo?
Maximiliano Romero llega a River, último campeón, en una de esas movidas que te hacen pensar más de la cuenta. ¿Un delantero con potencial o sólo otra ficha en la rotación de Calvo? El tipo viene de la Nacional B, sí, pero no es ningún improvisado: 26 años, argentino, y con un instinto goleador que puede empujar puertas en Núñez… o quedarse mirando el banco, como tantos otros.
La gestión de Sebastián Calvo se la juega gastando 2.800.000. ¿Era necesario? La billetera lo permite, pero el ego de River es más grande que el Monumental. Los managers ya murmuran entre pasillos: ¿potenciar o tapar promesas del club? En este fútbol argentino que no te permite ni pestañear, comprar figuras del ascenso puede ser tan acertado como estrellarse a 200 kilómetros por hora.
El River de Calvo elige. Pero, como siempre, después el que paga es el hincha.
A nadie le gusta esto.


¿De La Vega se va o lo rajan?
Pedro De La Vega se despide del fútbol local para probar suerte en el exterior. Sí, el mismo que hace un año estaba bailando en Primera A y ahora se despide con el bolsito de Estudiantes (LP) tras un descenso poco glamoroso. 3980000 razones lo convencieron de dejar atrás la mística del Nacional B y probar si en el viejo continente se come mejor pan dulce o sólo más pan duro.
Martín Accorinti, que sigue aferrado al banco como Arjona a la metáfora, ahora tendrá que explicar cómo piensa sobrevivir sin su único jugador del que la defensa rival sabía el nombre. Mientras tanto, De La Vega se lleva consigo el perfume a pasto mojado y la eterna promesa de volver. Promesas, como las de los políticos y los técnicos tras el descenso: no se cumplen nunca.
"Estoy verde, pero siempre fui así" decía Charly García. Y a este paso, Estudiantes va a añorar más a Pedro que a su último pase a la red.
A nadie le gusta esto.


Mancuello: ¿Rebajas por liquidación?
Federico Mancuello se tomó en serio eso de bajar un cambio: pasó de la Nacional B (¡donde fue campeón!) a la ignota Primera C. Temperley gastó un millón de pesos en un jugador que tiene más experiencia que excusas da Gallardo en conferencia. Y claro, ahora Guillermo Ramos —manager firme como contrato de internet— tiene la alegría de anunciar que el vestuario sumó 36 años de consejos y algún que otro gol de tiro libre.
No es por ser vinagre (o sí), pero si el plan era sumar veteranía, que apuren la invitación a Goycochea y ya arman peña. Mancu, suerte: te fuiste a buscar minutos y ojalá no termines buscando la billetera entre tantos pibes. Como cantó Charly: "No voy en tren, voy en avión..." Bueno, él va en colectivo.
A Temperley le gusta esto.


Cardozo: ¿Refuerzo o Capricho Millonario?
Luciano Loricchio tiró la casa por la ventana y sacudió el mercado de la LAMFO: Thiago Cardozo, arquero uruguayo de 28 años, llega a Deportivo Madryn por la módica suma de ¡4 millones de dólares! Un tipo que, no hace mucho, fue pilar en el ascenso de Unión, ahora termina en la Primera C. ¿Viene a atajar tiros o a salvarle la espalda a un manager que quiere figurar sí o sí?
Acá, los managers deberían preguntarse: ¿vale la pena tanto billete por un arquero o es el clásico manotazo de ahogado de los que quieren lograr todo ya? Desde Lugano les digo: los clubes chicos, con managers grandes, a veces hacen las apuestas más desquiciadas. Si no hay títulos, esto será escándalo puro.
A nadie le gusta esto.


Bovone: ¿Ascenso al Olvido o Renacimiento?
Tobias Bovone, campeón con San Telmo y protagonista del milagroso ascenso en Nacional B, pega el portazo y se va a Instituto por un monto que hasta parece un vuelto (800 mil dólares). Nelson Nasazzi le pone fichas, pero ¿no será demasiado riesgo para un lateral izquierdo que, siendo campeón, no convenció para quedarse?
Acá lo picante: ¿San Telmo se bajó de la pelea perdiendo un campeón o este es el ejemplo de los managers que limpian para traer "lo nuevo" mientras los que ganaron no tienen ni palco? Me juego la camiseta: esto va a levantar polvareda en los grupos de WhatsApp.
A nadie le gusta esto.
Postear
Debe loguearse como manager de un equipopara postear.