LAMFOGRAM

El precio de la nostalgia

La transferencia de Miguel Borja es un poema de esos que nadie quiere terminar. Ocho millones y medio de razones para cuestionar, no solo el valor de un goleador colombiano ya entrado en los 32, sino la esencia misma del fútbol contemporáneo. ¿Es esto pasión, o el síntoma de un mercado donde la memoria de los goles pesa más que la proyección?

Nicolás Graupen, manager de Racing, opta por el atajo seguro antes que la apuesta al futuro. Lejos de la épica de los años mozos, Borja llega para ser faro en la niebla pero su luz se apaga cada vez que revisamos esos últimos destellos. ¿Será que seguimos pagando caro lo que fuimos, incapaces de mirar hacia adelante?

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Baile de máscaras y laterales perdidos

El trueque entre Agustín Bouzat y Miguel Borja es más que un movimiento de fichas; es un enroque filosófico de estilos entre dos managers obsesionados por el control. Mario Mannuccia, artífice del ascenso de Argentinos Jrs, cambia un delantero centro por un extremo veterano y suma a Santiago Longo, un todocampista con pasado reciente en equipos campeones. ¿Un golpe de audacia o simple pirotecnia?

Bouzat, más hábil como obrero que como artista, deberá redefinir un plantel recién ascendido. Mientras tanto, la hinchada se pregunta si en este juego de máscaras veremos alguna vez, como decía Valdano, "el fútbol verdadero que es, ante todo, una expresión del alma". Managers, atentos, porque la alquimia entre experiencia y deseo puede ser letal o decepcionante.

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El éxodo, la lotería y la memoria breve

En el telón de fondo de los grandes movimientos, decenas de transferencias menores dibujan el mapa invisible del mercado: Francisco Gerometta cambia de aire tras asistir en el ascenso, Ulises Sánchez busca una segunda vida en Banfield, mientras Federico Arturo y Leonardo Albano se cruzan divisiones como si cambiaran de camiseta y de historia cada fin de semana. Ni que hablar del éxodo silencioso: Francesco Celeste y Franco González parten al exterior, recordándonos que la fuga de talento es la herida abierta del fútbol del sur.

Managers de la LAMFO: no subestimen el peso de la memoria. Porque como escribió Borges, "el olvido es la única venganza y el único perdón". ¿Quién recordará mañana a los que hoy cambian de destino por unas monedas?

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Un ángel en Nacional B: se enciende la polémica

¿Y si la magia no se negocia? Carlos Pérez, la mente que hoy pilota Banfield, se despachó con una bomba digna de cuentos viejos: Ángel Di María, aquel zurdo que acariciaba la pelota en Rosario y voló por todos los templos europeos, vuelve a las canchas nacionales, pero en Nacional B. ¿El precio? 5 millones y monedas, y quizá el precio mayor lo paguen los rivales que ahora deberán salir a marcarlo. La pregunta que me desvela, y que ningún hincha moderno parece hacerse, es: ¿qué sentido tiene llevar un artista a una categoría donde escasean los escenarios? Pérez, lejos de los manuales, apuesta por la emoción más que la lógica. Y yo, entre copa y copa, celebro a quienes apuestan por el show, aunque los resultados sean una moneda al aire.

Recuerdo a los viejos cracks que volvían para devolver algo del fuego sagrado a la gente. Ojalá no lo devore la modernidad ni la ansiedad. ¿Nos animamos a bancar la locura o nos asustamos del vértigo?

Para los managers: no hay fórmulas en este juego, sólo apuestas de amor o miedo. Miren para atrás, y busquen en la historia los nombres que cambiaban todo con un parpadeo…

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River pega fuerte y Aldosivi se reinventa, ¿quién gana?

Sebastián Calvo, tras sumar un nuevo título con River, sorprende a todos llevándose a Paulo Díaz. Pero lo que enciende la discusión en las mesas de café de Parque Patricios es el trueque: llega Jorge Rodríguez desde Núñez para Aldosivi. Nicolás Herrero tiene ahora la tarea titánica de rehacer su zaga sin Díaz pero con el sacrificio del mediocampo rival en cada partido.

No puedo evitar recordar aquellos viejos intercambios de figuritas, cuando los dirigentes sabían que, a veces, el que pierde una estrella gana un proyecto. Calvo vuelve a sacudir la bolsa, y Herrero, aunque teme el vacío, tiene en sus manos la chance de escribir la historia. ¡El verdadero fútbol vive de estos volantazos, señores managers! ¿Quién se anima hoy a negociar sin miedo?

Busquen en la memoria partidos donde un solo nombre cambió la noche. Se juega más en los despachos que en la cancha…

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El resto del mercado, entre promesas y apuestas

Mientras los focos los roban los millonarios y las estrellas, la verdadera vida de la LAMFO se cuece en las operaciones menos rutilantes. Federico Miranda busca revancha tras el descenso, trayendo a Richard Sánchez para Almagro, mientras Guillermo Ramos se la juega en Temperley con el uruguayo Agustín Rodríguez. David Martín Viña apuesta por la garra charrúa de Renzo Machado en Gimnasia (J), y Matías Fontana celebra la llegada del chileno Lucas Cepeda a Chicago tras una temporada histórica.

Este mercado se mueve entre experimentados de mil batallas y jóvenes con hambre. Pero ojo, managers: los grandes equipos se construyen con obreros anónimos más que con nombres de marquesina. Antes de confiar sólo en Google, miren los álbumes viejos, y recuerden cómo, en otros tiempos, el crack se escondía en la tercera y en la tribuna lo olfateaban a leguas.

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El precio de la excelencia

Hay transferencias que no solo alteran balances contables sino también las balanzas morales de una competencia. Ignacio Fernández, joven arquitecto de la medular, cruza de la segunda categoría al máximo nivel bajo la tutela de Federico Vera, manager consagrado tras el laurel continental. La cláusula ejecutada no es solo un número obsceno, es la huella de un fútbol que mide más el precio que el sentido. ¿Dónde ha quedado la paciencia y la formación lenta del talento? ¿O acaso la pasión se compra en cuotas?

Vera, que acaba de celebrar su conquista sudamericana, se mueve en el mercado con la frialdad de un ajedrecista. Ha comprendido que el fútbol moderno exige más cálculo que convicción. Pero, ¿qué nos queda de la épica, del barro y la poesía?

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River, oro por talento: la paradoja de Moreno

En un giro digno de los viejos cuentos griegos, River, tras coronarse en la última temporada, sacrifica a Aníbal Moreno y Lautaro Blanco por cifras exorbitantes, solo para ver partir a dos engranajes vitales. ¿Qué busca Sebastián Calvo? ¿La construcción del imperio sobre ruinas doradas o el arte del recambio sin dolor?

Moreno, mediocentro de los que piensan antes de correr, y Blanco, lateral con alma de artista, llegan a una casa gestionada por Agustín Guerci que ahora se nutre de sangre campeona. Pero el fútbol no es solo números: Valdano diría que es “el reino de lo imprevisible”. ¿Está River preparado para afrontar el riesgo de la modernidad, o la historia le pasará factura a Calvo?

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